26 marzo 2013

No todas las mujeres bellas son hermosas

¡Volví!

Y lo hice para quejarme. As usual.

Hace una semana estaba ocupadísimo (entiéndase estresadísimo también) con pendientes de la oficina y actividades escolares un poco demasiado muy agobiantes. Y pues bueno, la historia que vengo a contar a continuación a modo de desahogo es para hablar mal de las mujeres guapas y hermosas. De las culeras y mamonas nada más.

Resulta que en la oficina contamos con que cada año llegan asistentes extranjeros con el fin de crear un ambiente de intercambio cultural en donde se busca armar fiestas extremas y emborrachar a las chamacas y subir fotos en Facebook de ellas en poca ropa que ambas partes resulten beneficiadas.

Total que esta parte está muy bien porque de repente los asistentes no son tan inútiles y a veces son de ayuda. Y aunque no tenemos muchos años en esta dinámica, sí nos han tocado ya varias chicas lindas que llegan del otro lado del mundo.

El punto de la historia se desarrolla cuando, una de las chicas de este año, que no llegó de Europa sino de Canadá, nos ha decepcionado bastante. Y no me refiero a la parte visual porque ni como negar que, ufff, está guapa la condenada; sin embargo, su desempeño como tal ha dejado mucho que desear.

Desde que inició sus labores donde trabajo ha tenido varios tropiezos y ha demostrado poco interés en las actividades que hace. Ha tenido ligeros roses con mi jefa pero no de esos roces por los que pagaría una quincena por ver por lo que las cosas de por sí ya habían estado calientitas desde antes.

Dentro de las condiciones que estos asistentes tienen para renovar su permanencia en el país, es desarrollar un proyecto el cual demuestre en parte su formación académica y el intercambio de cultura que debería incentivar. Para esto, esta chica pensó en una exposición fotográfica en donde se pudieran exhibir en retratos las diferencias entre su ciudad, Quebec, y la nuestra, Mérida.
Todo iba bien en un principio que me planteó a mí la idea y me solicitó ayuda para llevar a cabo su proyecto. De inmediato pensé en que pasaríamos más tiempo juntos y tendría más oportunidad de invitarla a hacer algún acto impuro y carnal para que se llevara de recuerdo a su país socializar con ella porque en realidad cruzábamos palabra muy poco.

A una semana de dar marcha con este proyecto que les platico, esta pendeja despistada mujer sufrió un accidente y se fracturó la pierna en pedacitos. Requirió cirugía y clavos quirúrgicos para medio enderezarle la pata. Se le ordenó reposo absoluto de 6 a 8 semanas y desplazamiento eventual por silla de ruedas, por lo que se supondría la exposición se vendría abajo. Mejor para mí -pensé.

¡Pues no! La muchachita se sintió capaz de realizar lo planeado con anterioridad ahí sentada desde su cama. Como si las cosas a distancia resultaran. Si lo sabré yo.
Sus falsas ganas de seguir adelante nos engañaron y decidimos poner más de nuestra parte para que no se viniera abajo su idea.

No tardamos en darnos cuenta que al no responder los correos, al no contestar las llamadas y al faltar a las citas que ella misma proponía, nos estaba diciendo que en realidad no le importaba nada participar en SU PUTO PROYECTO.

Para esto yo ya me había emocionado con la idea por lo que le comenté a una compañera, con quien trabajé  al final de cuentas, que podíamos hacerlo nosotros dos sin necesidad de ella. Además ya habíamos lanzado la convocatoria y no estaba al alcance el cancelarla.

Días de trabajo y horas extra, meditaciones, planeación, entrega, coraje y corazón... bueno, más o menos eso; se presentaron y nos hacían más pesadas las otras labores de costumbre. Quizá todo hubiera sido comprensible si no nos hubiéramos enterado que a la oficina nunca le fue posible asistir, pero a Cancún, la Riviera Maya y no sé cuantos lugares turísticos más SÍ FUE A PASARLA DE REVENTÓN. Eso fue lo que más nos emputó indignó de todo.






Al fin que llegó el día de la exposición. Desde temprano montamos la estructura y colocamos las fotografías para su exhibición y todo el desmadre. Hasta ahí la situación no suena tan dramática; salvo porque no les he dicho que en realidad ese día de la presentación también teníamos que estar coordinando el proyecto de otro pelmazo asistente que presentó otro proyecto que también fue más nuestro que de él porque de su parte no hizo ni madres. Si les digo que nos tocan puros extranjeros ojetes y huevones.

Para colmo, la señorita se presenta muy campante con su silla de ruedas y sonriendo como si fuese toda una artista. Y claro, como tenía el pie cojito, la multitud se acercaba a ella para apapacharla y decirle que pobrecita de su patita. Lo más increíble de todo fue que no tuvo la decencia de al menos acercarse a las dos personas que hicimos todo y decir: "gracias, les quedó genial". ¿Tan difícil era hacer eso, pendeja?

Y a lo que voy con el título de esta entrada es que la chica de la que les hablo es una mujer muy atractiva desde cualquier curva que la quieran ver. Parece actriz la desgraciada. Lo malo es que las mujeres con belleza extrema creen que por ser bonitas y atractivas ya todos tenemos que soportar sus pesadeces y sus holgazanerías. Digo, sí, que tenga unos ojos verdes hermosos, una sonrisa perfecta de cristal, un cabello ondulado con rizos que se antoja enredar entre los dedos, una mirada fulminante que te penetra el corazón, una bien proporcionada y curveada copa C por busto, y unas piernas bien torneadas, entre otros atributos, no le dan derecho de abusar de la confianza y la amabilidad de las demás personas. Y encima de todo, malagradecida.

¿Por qué la gran mayoría de las mujeres guapas se sienten así? Todas aquellas que tienen el mismo pensamiento están muy pero muy pendejas si creen que por su cara bonita y su entallado busto perfecto es suficiente para triunfar en la vida. Bueno, la verdad es que sí, sólo si conocen alguien que las pueda meter al mundo de la farándula. Seamos realistas.

No, chavas, guapas, hay que tener un poco de humildad. Si no, véanme a mí. No por ser guapo soy un mamón. Cof cof.

La verdad es que si existiera la posibilidad de tener una noche de pasión loca con ella no le decía que no. Hasta borraría este post y les escribiría una bonita historia de amor entre una quebequiana y un meridano. que no nos mandaran nunca asistentes, todos estaríamos muy contentos en la oficina.

Moraleja: Nunca se confíen a la primera de una mujer hermosa. Detrás de esa figura de diosa, por lo general, esconden una faceta de mujer aprovechadora e interesada en su propio bienestar.

¿O ustedes qué opinan?