07 enero 2014

No eres tú, es mi ego

Nunca pensé que la primera publicación que haría en este 2014 sería una anécdota un tanto bochornosa y poco agradable que me ocurrió en el trabajo. Pero bueno, como uno de mis pocos objetivos bien definidos para este año es poner a girar los engranes de este blog que tanto quiero, me da igual si es para escribir cosas vergonzosas de mi persona o no.

Sucede que esto me ocurrió el día de hoy en lo que era la presentación del curso ante un grupo nuevo que tengo actualmente.

Aplicaba una de mis estrategias favoritas que utilizo para suavizar ese trato tan áspero que se da el primer día de clase entre alumno-profesor. Esta técnica que uso consiste en pedir que cada estudiante escriba brevemente su biografía con la condición de que no esté firmada; ya saben, que contenga datos personales como la edad, gustos, intereses, habilidades y cosas por el estilo. Posteriormente yo recojo todos los trabajos y los voy leyendo uno a uno con el objetivo de que los demás alumnos adivinen de quien estoy hablando y así yo vaya familiarizándome con los nombres de todos. 

Entonces sucede que me encontraba leyendo en voz alta el trabajo de una alumna cuando de pronto me centré en una frase que llamó mucho mi atención dentro de todo lo que estaba escrito: I like the teacher. Hice una pausa que delató inmediatamente que me había parecido algo bastante raro e inusual; sin embargo, repetí de nuevo la oración haciendo unos gestos que indicaban que no daba crédito a lo que leía. Honestamente les diré que en ningún momento pensé que se tratara de mí. No había razón alguna para llegar a la conclusión de que había flechado a mi alumna en tan poco tiempo; digo, sé que estoy muy guapo y toda la cosa y que ella no sería la primera, pero nunca ha sucedido tan rápido; hubiera roto mi marca de haber sido así, pero les juro que esos pensamientos no cruzaron por mi cabeza entonces. 

A la tercera vez que, según yo, en aquél pedazo de hoja decía I like the teacher, comprendí que detrás de esas letras feas, bailantes y poco legibles, lo que mi alumna en verdad había escrito, y mi cerebro se había tardado en decodificar, fue I like the theater. Para cuando me di cuenta de mi absurdo e inocente error ya había sido demasiado tarde ya que la risa andaba pintada en boca de todos. Mi pobre alumna quedó apenadísima y todos la volteaban a ver mientras ella, a carcajadas, negaba absolutamente lo que yo había interpretado. Ni que decir de mí, ahí estaba el "maestro egocentrista" quien ya andaba de resbaloso con las jóvenes y guapas alumnas. O esa es la impresión que seguramente más de uno habrá tenido de mi persona. Al final creo que el objetivo se cumplió ya que la situación se había tornado tan graciosa que la tensión desapareció y todo era risas y diversión. A mi defensa solo me resta decir que no fue culpa mía el haber tenido que estar interpretando la letra tan fea de los trabajos de mis alumnos, pero eso tampoco cambia el hecho de que el ridículo lo hice yo, claro está.

Hoy fui derrotado por mi estupidez, pero espero que para la próxima clase que los vea todo haya quedado olvidado para siempre.