Relato de un ir a trabajar en diciembre
Como todas las mañanas me desperté el día de hoy con la mejor actitud, recibiendo los rayos del sol a través de mi ventana y sintiendo la fresca brisa decembrina, indicándome que el día acababa de comenzar y que era tiempo de salir a ganarme el pan de cada día... bueno, no es cierto, yo nunca me despierto así; más bien, siempre es con un: "¡Ahh su puta madre! ya es retarde goei..." y dándome la vuelta para dormir otros 5 minutitos que se extienden hasta 25 para re-despertarme después y exclamar nuevamente: "¡Ahh su puta madre! ya es retarde goei..."
Luego de que mi conciencia me atosiga con un sentimiento de culpa porque de verdad prefiero quedarme a seguir durmiendo, es mi lado bueno (hasta yo, Novak, el príncipe guerrero azteca, tengo un lado bueno) el que me obliga a bajar el primer pie y luego el otro, y luego una mano y luego la otra y así hasta que ya estando en el suelo helado es que agarro la onda de que ya va siendo hora de "levantarse". Y es que no me dejarán mentir pero para estas fechas es cuando más se antoja quedarse entre las cobijas a roncar todo el día, o por lo menos hasta que el sol esté bien alto, den la 1:00 p.m. y logre aumentar la temperatura. Y bueno, lo de roncar es meramente una forma cortés de encajar con ustedes, ya que los príncipes no roncamos porque es muy naco hacerlo.
Si bien en mi chafaciudad se dice que está en época de invierno sin descender menos de 13°, la verdad es que en las frescas mañanas citadinas de mi entidad el darse un baño es un poco de pensarse. A mi me gusta bañarme, ya antes he dicho que hasta 4 veces lo hago al día, y claro que ahorro agua porque yo me baño en seco. No pregunten como.
Aún en las bajas temperaturas siempre disfruto de un rico regaderazo con agua calientita por las mañanas, porque es lo único que me ayuda a despertar por completo para poder tener energías de llegar a la oficina atwittear trabajar. Ahora que lo pienso hubo una vez en la que me quedé dormido en la regadera; sobra decir que los grados de alcohol en mi cuerpo eran mucho más que los de la temperatura pero esa es historia de otro post.
Como si no fuese ya muy tarde, apenas y tengo tiempo de desayunar un pan tostado, una fruta, o una taza de café (con antioxidantes para contrarrestar el envejecimiento, claro) es lo que alcanzo a digerir mientras me alisto para salir. El iPod a medio cargar así como el teléfono, los desconecto del cable para meterlos al bolsillo y tomar la billetera y los lentes de sol y salirme al trabajo. Nunca salgan de case sin un iPod y sin sus lentes de sol (sarcasmo).
Cuando por fin logro salir de mi casa, con miedo veo nuevamente el reloj, sé que es muy tarde y que probablemente mi jefa ya llegó y yo apenas en camino, pero la desvelada de la madrugada nadie me la quita.
Esquivo el cubetazo de agua (fría porque es invierno) que la señora loca a dos casas de la mía acostumbra arrojar para mojar la banqueta. En serio que no sé que gana la gente con lavar su banqueta.
Luego siempre se me olvida que más adelante está el "lindo perrito" de la otra vecina, el que le ladra a todo aquél que pase cerca de la reja, pero claro, voy escuchando música y no lo veo venir hasta que casi me arranca una pierna con su feo y asqueroso hocico que saca a través del protector de metal. En verdad odio a los perros. Ojalá y se murieran todos (ustedes no, los perros) junto con Facebook.
En eso luego de 7 minutos de espera veo que se acerca el autobús, pero no intento abordarlo porque es de los que no tienen aire acondicionado, y yo pues, me gusta de los que si tienen, así que a esperar el otro.
Pasan 10 minutos más y ahora si lo tomo. Me bajo 5 minutos más tarde y cruzo una avenida muy transitada donde bien pudiera morir aplastado por los grandes trailers que pasan pero ni modo, así dice Jebús que hay que hacerle, trabajar para comer. Ahora a esperar que venga el segundo autobús para llegar a mi destino... lo sé mi vida es triste.
Se acerca mi segundo medio de transporte, un desgastado y viejo autobús que por lo menos se ve que tiene asientos disponibles. Abordo y disfruto de la comodidad de mi asiento de plástico rígido con rayitas paralelas para mayor confort y en un bonito color azul turquesa que éste brinda por los $6 que me cobra de cuota. Un bonito paisaje pintoresco y urbano através de la ventana sucia y rota que me tocó es lo que me ofrece el recorrido, que por cierto yo creo que está así en caso de que hubiera un accidente, así me sería mucho más fácil escapar. El autobús es ecológico supongo ya que no tiene servicio de aire acondicionado, por eso se abren las ventanas para dejar circular el aire puro de afuera. Solo espero que ese trailer que va adelante de nosotros se apure porque de su escape sale un humo muy negro que amenaza con colarse por las ventanas y llegar a mis pulmones. Y yo que tengo más de 130 días sin fumar ¿Se dan cuenta? ¿de qué sirve dejar ese mal hábito? Alguien invíteme un cigarro.
Al menos cuento con un boleto que dice que estoy asegurado en el transcurso de mi viaje. Y es que tremendo camionsote no creo que sea tumbado por los volchitos que pasan a los lados. Se verá viejo pero creo que si resiste un ataque de volchos endemoniados. En fin. Me pregunto si el seguro de viaje cubre enfermedad por tétanos ya que los fierros y tubos que lo conforman están muy oxidados. Confío que si.
¡Por fin llego! Desciendo y me encuentro frente al edificio, lo veo y medito... ¿y todavía me falta entrar a trabajar?
1 minuto después... me digo a mi mismo...
¿Y si mejor me regreso a dormir?
Luego de que mi conciencia me atosiga con un sentimiento de culpa porque de verdad prefiero quedarme a seguir durmiendo, es mi lado bueno (hasta yo, Novak, el príncipe guerrero azteca, tengo un lado bueno) el que me obliga a bajar el primer pie y luego el otro, y luego una mano y luego la otra y así hasta que ya estando en el suelo helado es que agarro la onda de que ya va siendo hora de "levantarse". Y es que no me dejarán mentir pero para estas fechas es cuando más se antoja quedarse entre las cobijas a roncar todo el día, o por lo menos hasta que el sol esté bien alto, den la 1:00 p.m. y logre aumentar la temperatura. Y bueno, lo de roncar es meramente una forma cortés de encajar con ustedes, ya que los príncipes no roncamos porque es muy naco hacerlo.
Si bien en mi chafaciudad se dice que está en época de invierno sin descender menos de 13°, la verdad es que en las frescas mañanas citadinas de mi entidad el darse un baño es un poco de pensarse. A mi me gusta bañarme, ya antes he dicho que hasta 4 veces lo hago al día, y claro que ahorro agua porque yo me baño en seco. No pregunten como.
Aún en las bajas temperaturas siempre disfruto de un rico regaderazo con agua calientita por las mañanas, porque es lo único que me ayuda a despertar por completo para poder tener energías de llegar a la oficina a
Como si no fuese ya muy tarde, apenas y tengo tiempo de desayunar un pan tostado, una fruta, o una taza de café (con antioxidantes para contrarrestar el envejecimiento, claro) es lo que alcanzo a digerir mientras me alisto para salir. El iPod a medio cargar así como el teléfono, los desconecto del cable para meterlos al bolsillo y tomar la billetera y los lentes de sol y salirme al trabajo. Nunca salgan de case sin un iPod y sin sus lentes de sol (sarcasmo).
Cuando por fin logro salir de mi casa, con miedo veo nuevamente el reloj, sé que es muy tarde y que probablemente mi jefa ya llegó y yo apenas en camino, pero la desvelada de la madrugada nadie me la quita.
Esquivo el cubetazo de agua (fría porque es invierno) que la señora loca a dos casas de la mía acostumbra arrojar para mojar la banqueta. En serio que no sé que gana la gente con lavar su banqueta.
Luego siempre se me olvida que más adelante está el "lindo perrito" de la otra vecina, el que le ladra a todo aquél que pase cerca de la reja, pero claro, voy escuchando música y no lo veo venir hasta que casi me arranca una pierna con su feo y asqueroso hocico que saca a través del protector de metal. En verdad odio a los perros. Ojalá y se murieran todos (ustedes no, los perros) junto con Facebook.
En eso luego de 7 minutos de espera veo que se acerca el autobús, pero no intento abordarlo porque es de los que no tienen aire acondicionado, y yo pues, me gusta de los que si tienen, así que a esperar el otro.
Pasan 10 minutos más y ahora si lo tomo. Me bajo 5 minutos más tarde y cruzo una avenida muy transitada donde bien pudiera morir aplastado por los grandes trailers que pasan pero ni modo, así dice Jebús que hay que hacerle, trabajar para comer. Ahora a esperar que venga el segundo autobús para llegar a mi destino... lo sé mi vida es triste.
Se acerca mi segundo medio de transporte, un desgastado y viejo autobús que por lo menos se ve que tiene asientos disponibles. Abordo y disfruto de la comodidad de mi asiento de plástico rígido con rayitas paralelas para mayor confort y en un bonito color azul turquesa que éste brinda por los $6 que me cobra de cuota. Un bonito paisaje pintoresco y urbano através de la ventana sucia y rota que me tocó es lo que me ofrece el recorrido, que por cierto yo creo que está así en caso de que hubiera un accidente, así me sería mucho más fácil escapar. El autobús es ecológico supongo ya que no tiene servicio de aire acondicionado, por eso se abren las ventanas para dejar circular el aire puro de afuera. Solo espero que ese trailer que va adelante de nosotros se apure porque de su escape sale un humo muy negro que amenaza con colarse por las ventanas y llegar a mis pulmones. Y yo que tengo más de 130 días sin fumar ¿Se dan cuenta? ¿de qué sirve dejar ese mal hábito? Alguien invíteme un cigarro.
Al menos cuento con un boleto que dice que estoy asegurado en el transcurso de mi viaje. Y es que tremendo camionsote no creo que sea tumbado por los volchitos que pasan a los lados. Se verá viejo pero creo que si resiste un ataque de volchos endemoniados. En fin. Me pregunto si el seguro de viaje cubre enfermedad por tétanos ya que los fierros y tubos que lo conforman están muy oxidados. Confío que si.
¡Por fin llego! Desciendo y me encuentro frente al edificio, lo veo y medito... ¿y todavía me falta entrar a trabajar?
1 minuto después... me digo a mi mismo...
¿Y si mejor me regreso a dormir?
Relato de un ir a trabajar en diciembre
Reviewed by Novak
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jueves, diciembre 09, 2010
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